¿Quienes Somos?¿Por que Partido Obrero y Revolucionario?Pautas programáticas y estatutos Nuestra organización es un pequeño grupo de militantes que lucha contra este sistema de explotación, el capitalismo. Partiendo de las reivindicaciones avasalladas por este régimen social (trabajo, educación, salud, vivienda, etc.), estamos convencidos que su satisfacción plena sólo es posible “cambiando el mundo de base”, es decir expropiando los medios de producción en poder de la burguesía y organizando la sociedad sobre bases socialistas. Creemos que tamaño cambio revolucionario no lo puede producir un grupo de iluminados: es una acción de masas. Pero para esto es preciso que los explotados tomen conciencia de tal necesidad, pariendo de su propio seno a la vanguardia revolucionaria, a la dirección, al partido. Nos delimitamos, pues, de toda práctica foquista o terrorista individual, que lejos de ayudar a esa maduración, opera como abortivo de cualquier proceso de masas, facilitándole el juego, no pocas veces, al enemigo de clase. Nuestra existencia es una expresión más de la enorme dispersión de la llamada izquierda en general, y de quienes reivindicamos el marx-leninismo-trotskysmo en particular. Entendemos que existen en estos momentos, a lo largo y ancho del planeta, infinidad de grupos que intentan avanzar como lo hacemos nosotros. Luchamos, pues, por un acercamiento en pos de unificar para reconstruir el partido mundial de la revolución socialista, la Cuarta Internacional. Pero esta concepción unitaria de la lucha no nos hace perder de vista la necesidad del Partido, cuyo programa, cuya organización y cuya disciplina se desprende del eje Estratégico de nuestra lucha. Como la palabra lo indica, partido implica “parte”, es decir, una fracción, una sección de la masa de explotados. ¿Y de qué parte se trata? ¿por qué obrero? Sencillamente porque tal cualidad indica el lugar rector de la clase obrera en la producción de bienes y servicios bajo el capitalismo, lo que queda puesto de relieve cuando una huelga general paraliza un país, así como también cuando todas esas energías son puestas en funcionamiento bajo un plan único de la economía. La palabra “obrero” debe ser comprendida en su sentido más amplio, y especialmente en su sentido ideológico-programático: porque sólo tiene sus cadenas para perder, la clase obrera es portadora de la posibilidad de atacar la propiedad privada de los medios de producción, es portadora de la perspectiva socialista. Sin embargo, no todos los obreros (ni mucho menos, el resto de los explotados de la ciudad y el campo), son concientes de esa posibilidad. Más bien, la inmensa mayoría, considera “compatible” su bienestar con el sistema capitalista. El sindicalismo reformista es expresión de esta conciencia de clase limitada a lograr mejoras bajo este sistema. El adjetivo revolucionario apunta a subrayar justamente una delimitación con esa inmensa mayoría de los trabajadores y sus direcciones. Luchamos por salarios y por empleo, pero bajo la concepción de un Programa de Transición, que conduzca a la lucha por el poder, por instaurar un gobierno obrero y campesino. Nuestro pequeño grupo considera que tal partido obrero revolucionario no existe aún. O mejor dicho, existe tendencialmente en múltiples grupos que esbozan la arquitectura de su construcción, y existe en las tradiciones programáticas e ideológicas del marxismo. Ponerlo en pie, construirlo, forjar sus cuadros, insertarlo entre las masas es, para nosotros, la tarea central que fija el tiempo histórico. Esta tarea va más más allá de nuestra vida biológica: es la herencia trascendente que debemos legar a las nuevas generaciones, fuera cual fuese el éxito inmediato de nuestro accionar. Escribimos esta explicación en tiempos donde “la política partidaria” está devaluada, desprestigiada. Donde pululan incluso en instancias altamente progresivas (como las asambleas populares), tendencias claramente antipartido. No creemos, sinceramente, que no existan razones para tal rechazo: los partidos burgueses, y quienes en nombre de la izquierda han reproducido de una u otra manera la política de la burguesía, han hecho suficientes méritos para ser repudiados. Pero esta negación progresiva debe dar lugar a otra superadora, que permita una síntesis. Simplemente porque no es posible concretar los cambios que nuestro país y que el mundo necesita sin dirección revolucionaria. La crisis de la humanidad se concentra en la crisis para resolver esta cuestión fundamental.
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