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Publicación del Partido Obrero Revolucionario - Argentina
16 de Setiembre de 2009 | Nro. 212
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16 de Setiembre de 2009 | Nro. 212 | Contenidos
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Por un bloque Clasista y Revolucionario dentro de la CTA

1- Lugar histórico de este VI Congreso de la CTA

A un año de la histórica gesta del 19 y 20 de diciembre del año pasado, el cuarto congreso de nuestra central plantea un desafío particularmente exigente: elevar a un plano político las múltiples luchas de las diferentes vertientes que integran la CTA, así como también sumar a dicho plano a vastos sectores que compartieron estas peleas con nosotros, aún cuando no estén integrados orgánicamente.

La Mesa Nacional ha tomado nota de este desafío, colocando en circulación un "...documento para el debate" , cuyo título es "Construir la Unidad del Campo Popular".

Es frecuente en el activismo (especialmente aquel muy entrenado en la lucha cotidiana en el plano sindical), encontrar dificultades (y hasta desprecio), cuando se trata de estudiar profundamente documentos políticos.

El sistema capitalista infisiona también las organizaciones obreras, y logra generalmente reproducir a su interior la división entre el trabajo manual e intelectual. Así, los documentos, los textos, la oratoria, es patrimonio de algunos elegidos, "los dirigentes", quedando para la inmensa mayoría de delegados de base y activistas el trabajo militante cotidiano.

Quienes firmamos este documento queremos luchar, en primer lugar, por avanzar en superar esta división del trabajo que impone el capitalismo. Queremos contribuir a la elevación política del colectivo, de todos nuestros compañeros. Queremos destacar que los documentos que se aprueben en el IV Congreso de la CTA tendrán consecuencias trascendentes, ya que moldearán la práctica en el período que se viene.

El documento presentado por la Mesa Nacional nos habla de "ausencia de una dirección consciente": más allá que nos referiremos a este punto más adelante, nos importa decir en esta breve introducción que la construcción de la consciencia de una dirección requiere un salto cualitativo en la conciencia colectiva de las bases. La falta de conciencia (o como creemos nosotros, la falsa conciencia -burguesa- de una dirección de una organización de trabajadores), requiere (para perpetuarse como conducción) el atraso y la despolitización de las bases. Requiere un mecanismo de liderazgos y confianzas de corte caudillista. Llamamos a los miles de delegados y activistas de la CTA a no votar a libro cerrado. Llamamos a estudiar los documentos presentados. Llamamos a construir conciencia de clase...¡obrera!

2- Superación del sindicalismo: construcción de un movimiento político-social (citar página 12 cuando habla de ausencia de dirección conciente)¿conciencia de qué clase?

Un mérito indudable del documento de la Mesa Nacional es que este Congreso debe asumir "...responsabilidades superiores que(...)exceden largamente los márgenes que se suponen propios de la lucha gremial y reivindicativa".

Que una central sindical se plantee explícitamente este desafío obliga a colocar en debate la relación entre lucha sindical y lucha política.

En el último período histórico, el movimiento sindical argentino, marcado a fuego por el peronismo, estableció un sello de colaboración de clases a dicha relación. Para el sindicalismo tradicional, la satisfacción de las reivindicaciones más elementales (trabajo, salarios, educación, vivienda, salud), no es incompatible con el sistema capitalista, con la propiedad privada y monopólica de los grandes medios de producción. Por lo tanto, la lucha "política" consiste en que la "rama sindical" ocupe lugares en el esquema de poder (diputados, senadores, concejales, intendentes, etc.), al efecto de apuntalar la lucha "reivindicativa".

Convengamos que este esquema está agotado, no porque no existan los sindicalistas y los políticos que lo encarnen (el proyecto de Rodríguez Sáa pretende reproducirlo en clave farsesca), sino porque la propia crisis capitalista impide un margen mínimo para la negociación, característica típica de la colaboración de clases.

Ante esta realidad, el documento postula "...afianzarnos en la propuesta de cosntruir, junto con otros, el Movimiento Político Social que exprese nuestros intereses de clase y la independencia de nuestra Patria".

Estamos, pues, ante el eje medular del texto: para la Mesa Nacional, la CTA debe dar un salto político, convirtiéndose en el eje de dicho movimiento, que proyecte en el plano del poder, de la dirección del Estado, no sólo lo reivindicativo gremial, sino que también ¡nada menos!, la independencia nacional.

Nuestro aporte al IV Congreso consistirá en contestar las siguientes preguntas:

Dicho Movimiento, ¿supone un cambio cualitativo respecto al peronismo y a su esquema de relación entro lo sindical y lo político?

Es problable que los autores del documento admitan que la lucha por las reivindicaciones mínimas deben ser formuladas como programa de transición, en términos de lucha por el poder. Pero, preguntamos...¿de qué carácter de clase?

Finalmente, la "...nueva sociedad" que postula el documento ¿será capitalista, socialista, o "indeterminada"?

Cuando para entender el contenido,

hay que estudiar la forma

Cuidadosamente, el documento de la Mesa Nacional no contesta explícitamente esas preguntas clave. En el plano de explicitar las relaciones de clase, se mantiene en la necesaria ambigüedad, que le permita conciliar la base clasista de la CTA y sus sectores de influencia (trabajadores, explotados de la ciudad y el campo), con su verdadera estrategia, que no apunta por cierto a atacar los intereses del gran capital (nacional y extranjero).

Así, el planteo económico del documento no comete el exabrupto de sectores de la centroizquierda (¡Carrió!), que atacan al "capitalismo salvaje" postulando un "capitalismo en serio" o "humanizado".

En otro capítulo, intentaremos desentrañar el planteo económico que postula la Mesa Nacional.

Pero justamente para poder hacerlo, tenemos que valernos de entrada de la abierta confesión que explicita el documento, en el terreno de las formas políticas, para demostrar, por la vía del expediente de la "confesión de parte", la esencia típicamente burguesa de la tesis oficialista para el IV Congreso.

Por vía de la FORMA, quedará al descubierto el CONTENIDO del planteamiento de la Mesa Nacional.

Efectivamente, confiesan en la página 11: "no hemos logrado transformar dicha movilización popular en el sustento para la apertura de un proceso de profundización democrática" (refiriéndose, obviamente, a la gesta del 19 y 20 de diciembre del 2001).

La declaración de intenciones es evidente. Pero esta evidencia se refuerza en la página 12, cuando se dice: "Como espejo de nuestras debilidades, porque la ausencia de una dirección consciente del conjunto de la comunidad impidió transformar dicho proceso en un cambio institucional de signo popular y democrático..."

Es decir, que la conducción de la CTA coloca, vía la admisión de sus propias limitaciones, el recambio institucional en el plano de la democracia burguesa como su máxima aspiración. Que el adjetivo agregado sea nuestro (nos referimos a la palabra burguesa), no es un abuso polémico, ya que es evidente que no puede existir una forma política despojada de su base de clase, es decir, de quienes son dueños de los medios de producción. El "...cambio institucional de signo popular y democrático" que pretende el documento no es, por cierto, revolucionario y socialista, único cambio (desde nuestro punto de vista), que configura la respuesta realista, material y concreta a la crisis del capitalismo.

La "democracia" no es una forma política neutra: es uno de los regímenes de la dictadura del capital sobre el conjunto de los explotados. Es, incluso, la más conveniente, ya que de mantenerse, permite que la clase dominante se perpetúe en el poder con el propio voto de los esclavos.

Nosotros oponemos a la democracia burguesa, basada en la participación episódica y pasiva del pueblo mediante el sufragio universal, la democracia obrera, de tipo directa, en donde deliberación y acción forman una unidad dialéctica, sólo posible con la participación popular activa.

Se pueden construir instancias de democracia obrera dentro del sistema capitalista (de hecho, las practicamos todos los días, en las asambleas, en los piquetes, en la propia lucha), pero cuando hablamos de PODER, debemos subrayar el carácter de clase de la democracia: si su esencia es preservar el orden establecido (tal cual lo sostiene la Constitución Nacional y la legislación vigente), se trata de una de las formas políticas de la dictadura capitalista.

Desde el punto de vista del materialismo histórico, es decir, de la visión científica y realista de la historia, toda transformación esencial en las formas políticas tiene por base la revolución de la estructura económica.

Pero la conducción de la CTA no abreva, por cierto, en las fuentes del materialismo dialéctico e histórico: Considera que es "...indispensable asumir que debemos colocar en el centro de nuestra interpelación a la utopía democrática. Utopía que, por otra parte, acompaña a nuestra Central desde su propio nacimiento. Es la decisión de profundizar la democracia la que define las características básicas..." (página 14).

Los mecanismos que la CTA postula para esa profundización (consultas populares, presupuesto participativo, etc.), dejan intacto el carácter de clase del Estado. Esto se ve muy claramente en la cuestión presupuestaria, y en especial, en la experiencia brasileña (en la que la Mesa Nacional abreva): sin cuestionar la magnitud ni las asignaciones presupuestarias globales que las Instituciones del Estado definen, se estimula que la población de un Municipio defina democráticamente adónde enviar las miserables partidas: a un hospital, al pavimento o a la recolección de basura. Se producen así enfrentamientos absurdos, de pobres contra pobres, manejados por espúreos intereses, bajo el barniz de la "participación democrática" del pueblo en las decisiones.

Lo que es ambiguo en el plano del contenido económico, es muy claro y explícito en el plano de la forma política. La conducción de la CTA propone, es verdad, una utopía: la profundización de una democracia (burguesa), en cuyo altar se han sacrificado ya todas las reivindicaciones de las masas, inclusive las democráticas: ¡ahí están los genocidas libres! ¡ahí están nuestros muertos, nuestros procesados y nuestros detenidos!

Refutada la FORMA,

vamos al CONTENIDO:

Distribución versus Producción

A manera de conclusión de todo el documento, la Mesa Nacional propone "...un cambio efectivo del rumbo de la economía en pro de una mayor justicia distributiva y que el logro de esto exige replantear la relación con el mundo. Es decir, DISTRIBUCIÓN, SOBERANÍA Y DEMOCRACIA" (páginas 18 y 19, las mayúsculas son del original).

Nada dice el planteamiento de la PRODUCCIÓN, base de cualquier programa económico.

Para la conducción de la CTA, la justicia distributiva puede lograrse sin afectar el modo de producción, lo cual implica al mismo tiempo discutir la PROPIEDAD DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN.

Coherentes con la campaña de la consulta popular de diciembre del 2001, en cuya propuesta se sugería financiar el seguro de capacitación para jefes y jefas de familia a través de los aportes (ya adeudados o futuros a crearse) de las empresas privatizadas, se centra todo en otra utopía, cual sería mejorar las condiciones de los oprimidos orientando la lucha a una victoria en la llamada "puja distributiva", sin tener como estrategia el cambio de mano en la propiedad de los medios de producción. Por eso no nos sorprende que el documento nada diga acerca de la reestatización de las empresas privatizadas, ni tampoco del futuro de las múltiples fábricas ocupadas y puestas a producir por sus propios trabajadores.

Lejos estamos de aquellos que desprecian la lucha reivindicativa elemental (es decir, pelear por una mejor distribución de la riqueza total a favor de los explotados de la ciudad y el campo). De lo que se trata (especialmente para quien lanza un nuevo Movimiento Político y Social), es de definir la relación que existe entre ese combate reivindicativo y la producción.

Nosotros afirmamos que es condición para una mejor justicia distributiva y más aún, para la soberanía económica, tomar medidas antimperialistas elementales, como la reestatización de las empresas privatizadas, la nacionalización de la banca, la expropiación de los grandes latifundios, la estructuración de un plan nacional de salud basado en el monopolio estatal de los grandes resortes del sector (medicamentos, insumos, alta complejidad, etc).

Con la anarquía del mercado capitalista (que admite el documento por omisión), no es posible lograr mayor justicia distributiva.

Sólo un proceso expropiatorio que recupere para las grandes mayorías nacionales las riquezas usurpadas por el Imperialismo, puede crear las bases para el diseño de una planificación económica. Y sólo sobre esta base es concebible el aumento del salario, el pleno empleo y la vivienda, la salud y la educación para todos.

La cuestión nacional, la unidad latinoamericana y la lucha antimperialista ¿ALCA versus MERCOSUR?

Como ya ha sido dicho, el ambicioso proyecto de la Mesa Nacional de construir un Movimiento Político Social excede, no sólo lo sindical, sino también las fronteras nacionales. Se diseñan, así, los contornos de una política internacional, que bien puede ser sintetizada en los cuatro puntos al respecto:

-Replanteo de la relación con el mundo.

-Rechazo a los condicionamientos del FMI.

-No al ALCA. Sí al MERCOSUR.

-Suspensión de los pagos de la Deuda Externa.

Tomado en su conjunto, este "programa" también configura una utopía: en forma similar a la postura en lo nacional, se pretende mejorar las condiciones sin atacar las causas básicas de las calamidades, buscando un punto de conciliación imposible con el enemigo de clase, en este caso el Imperialismo.

No se repudia ni se desconoce la deuda externa, no se rompe con el FMI, ni mucho menos, se postula expropiar sus intereses instalados en nuestro propio país.

En verdad, la Mesa Nacional nos ofrece el plato recalentado de los movimientos nacionalistas burgueses (como el peronismo), que se limitan a negociar con el amo una parte de la tajada de la torta, pudiendo llegar a roces muy importantes (incluso a guerras).

Es conocida nuestra postura a favor de un Frente Unico Antimperialista. Las contradicciones propias de esta fase superior del capitalismo (el Imperialismo), no son sólo de clase. Son también de la inmensa mayoría geográfica y poblacional del planeta (naciones oprimidas), expoliadas por un puñado de países capitalistas más avanzados (naciones opresoras). Nuestra incondicional defensa de los primeros contra los segundos nos obliga también a definir cual es el camino de la victoria antimperialista, y éste implica la dirección obrera de todas las capas explotadas de la ciudad y el campo. La burguesía nacional, especialmente en las últimas décadas, profundiza su entrelazamiento de clase con el propio Imperialismo, y por eso es una utopía pretender un desarrollo de las fuerzas productivas sin revolución social. Es una utopía pretender la liberación nacional sin liberación social.

La Mesa Nacional contrapone el MERCOSUR al ALCA. ¿Se supone acaso que el primero es antimperialista? Es verdad que la consumación del ALCA (un mercado común de Alaska a Tierra del Fuego) profundizaría el dominio yankee sobre toda la región. Pero a esto hay que oponer los Estados Unidos Socialistas de América Latina, y el internacionalismo proletario con los propios trabajadores norteamericanos.

Oponerle el MERCOSUR (de clara hegemonía de la burguesía brasileña sobre sus socios), es asignarle al mismo el carácter de un paso progresivo en el camino de la unidad latinoamericana. Bien por el contrario, el MERCOSUR nace y se desarrolla como parte del objetivo de las grandes multinacionales, más o menos asociadas con poderosos grupos económicos de las burguesías nativas (especialmente, brasileños). Los convenios automotrices son un claro ejemplo de este carácter: sobre la base de la mayor tasa de ganancia, los grandes pulpos del automotor fueron migrando sus capitales, aumentando la superexplotación (menores salarios, más despidos y suspensiones, peores condiciones de trabajo), en ambos lados de la frontera.

El MERCOSUR no ha sido ni es un vallado contra el ALCA. Fue un escalón necesario, que hoy el Imperialismo norteamericano, triunfante sobre México con el NAFTA, quiere barrer para avanzar en la monopolización del continente, y competir en mejores condiciones contra los otros bloques imperialistas.

Caracterización de la Situación Política, pronóstico

y tareas: ¡Por un bloque clasista y revolucionario al interior de la CTA que luche por un Congreso de Bases!

A la hora del diagnóstico de la situación, el documento de la Mesa Nacional valoriza los acontecimientos que tuvieran su epicentro el 19 y 20 de diciembre, precisando que han producido una "crisis de hegemonía".

Esta obviedad, que planteó el recambio de varios presidentes, la convocatoria a elecciones anticipadas, el descrédito de las instituciones de la burguesía, y, en fin, el "que se vayan todos", no se ve acompañada por una profundización en la caractrización que permita orientar el trabajo de nuestra central correctamente.

Porque el problema es qué cosa produjo una crisis de hegemonía. Fue una intervención de masas, cuyo carácter y cualidades, virtudes y limitaciones, pueden y deben ser estudiadas a fondo.

La Mesa Nacional aclara que "...hablar de crisis de hegemonía no es hablar de un momento prerrevolucionario".

Se nos ocurre pensar que esta valoración tiene más que ver con el ángulo subjetivo de la Mesa de Conducción que con una visión objetiva de la realidad.

Porque opera como justificativo para la tercera opción que se postula como salida: "Afirmación de una nueva coalición política que haga posible un nuevo régimen a partir de la alteración de las presentes relaciones de dominación". Obviamente, el lanzamiento de un nuevo Movimiento Político Social sería la respuesta de la CTA,

Es interesante detenerse en la palabra "alteración", usada deliberadamente para subrayar el reformismo que se postula, contra toda posibilidad de ("cambio revolucionario", "transformación", etc.).

Entre la propuesta de "alterar" las relaciones de dominación (sin terminar con ellas, sin revolucionar), y el diagnóstico arbitrario de que el 19 y 20 de diciembre no abrieron un "...momento prerrevolucionario", hay una coherencia, que por cierto, recorre todo el documento.

Creemos haber demostrado a lo largo de nuestra contratesis al texto de la Mesa Nacional, que esa coherencia puede ser definida con la palabra UTOPÍA. Y a la hora del diagnóstico y pronóstico de situación más que nunca, ya que se evalúa como una de las variantes más probables el "Mantenimiento del Bloque en el poder por vía autoritaria". Preguntamos ¿se puede enfrentar ese giro reaccionario de la situación sin política revolucionaria? O visto desde la caracterización ¿dicho giro, no es acaso producto de la propia situación pre-revolucionaria?

La organización política a la cual pertenecemos se ha empeñado en combatir el exitismo facilista de la inmensa mayoría de la izquierda (inclusive los aliados de la Mesa de Conducción, la CCC), que diagnostican "situaciones revolucionarias", "revoluciones" y "octubres rojos" por doquier. Pensamos sinceramente que también pecan de subjetivismo a la hora de la valoración de la correlación de fuerzas, y especialmente, del nivel de conciencia de clase y grado de independencia política de los explotados que luchan.

Por eso hay que ser sumamente riguroso a la hora de evaluar la situación: las características pre-revolucionarias de todo este período sólo pueden dar un salto revolucionario a partir de un cambio cualitativo en la dirección de las luchas, en su programa, en su conciencia de la necesidad de transformación revolucionaria.

El documento de la Mesa de Conducción va en contra de esta necesidad. Peor aún, arma un rico bagaje y propuesta para anestesiar las posibilidades revolucionarias de los miles de compañeros de vanguardia que militan al interior de la CTA.

A ellos nos dirigimos. Llamamos no sólo a rechazar el documento presentado por la Mesa Nacional, sino a conformar un Bloque clasista y revolucionario que elabore una Propuesta Alternativa, tanto en lo programático como en lo metodológico. Un bloque que impulse la convocatoria a un Congreso Nacional de delegados y activistas con mandato de asambleas de base, no como recurso o táctica sindical, sino como proyecto de construcción del poder que los explotados de la ciudad y el campo necesitamos.

Aportamos a continuación un proyecto de Programa (abierto al debate), y saludamos fraternalmente a todos (compañeras y compañeros) que, siendo o no afiliados a la CTA, ven en este Congreso una instancia fundamental para la resolución de sus reclamos y aspiraciones.

Setiembre de 2002 Severo "Pichi" Graziano

(congresal por San Nicolás de la Asociación Judicial Bonaerense)

Adrián De Pául

(integrante de la Agrupación "Trabajadores del Pami" de Rosario)

ambos, militantes del Comité Constructor por un Partido Obrero Revolucionario

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