CORREO DE LECTORES:Buenos Aires, 14 de marzo Señor Director: ¿Que sucede en Bolivia? Es la pregunta que nos hacemos la mayoría de los revolucionarios latinoamericanos. Por lo cual la anunciada visita a la Argentina, del dirigente campesino boliviano Felipe Quispe, "el Mallku" despertó el interés de muchos. Por ese motivo me dirigí el miércoles 10 de marzo, a la Facultad de Ciencias Sociales para asistir a la conferencia programada por el Movimiento Teresa Rodríguez (MTR). El evento comenzó con la participación de Jenny Santander, alta dirigente del Movimiento Indígena Pachakuti, el partido de Quispe. Dicha dirigente explico que Quispe había sido interceptado, antes de abordar el avión, por agentes de migraciones quienes no lo dejaron abandonar el país debido a los cargos que pesan sobre el por su participación en el Ejercito Guerrillero Tupac Katari, que opero en Bolivia a principios de los 90. Aunque dijo que acababa de hablar con el por teléfono, también refirió que no sabia exactamente que estaba pasando (!?) Tras estas aclaraciones recitó los meritos de Quispe y procedió a contar anécdotas, como aquella que dice que el levantamiento de octubre comenzó tras la detención policial de un campesino aymara, que habría asesinado a otro debido a que fue pescado múltiples veces robando, y que por sus códigos de usos y costumbres fue condenado a muerte, por lo cual el asesino solo habría cumplido el mandato de la comunidad. Creo que esta referencia es paradigmática para definir al MIP. Porque nos revela un partido retrogrado que intenta imponer el oscurantismo aprovechando las justas reivindicaciones de las naciones originarias, así como la reducción que hacen de la insurrección que se vivió en Bolivia. He de recordar a los lectores, que el eje cardinal del programa político de Quispe es la creación de un estado aymara, regido por las leyes que Quispe interpreta como legado de la nación aymara. Esto incluye la exclusión sistemática de los mestizos y los blancos sin importar su clase social y la ignorancia total a la lucha de clases. Hace algunos años Quispe quemo públicamente la Tesis de Pulacayo (documento fundacional de la Central Obrera Boliviana) anunciando que a partir de ese momento eran los indios los que timonearían la lucha contra el estado boliviano. Quince minutos después de una conferencia pletórica de inconsistencias, banalidades y loas a Quispe, la oradora dio paso a una sesión de preguntas. Durante su intervención, en ningún momento menciono la participación del proletariado boliviano en la coyuntura actual, ni hizo referencia a la tensa situación que actualmente atraviesa el vecino país, como por ejemplo el éxodo en masa de la cúpula gubernamental con el consiguiente debilitamiento del gobierno actual, tampoco hablo del apoyo que actualmente brinda Evo Morales al presidente Mesa, ni de la reciente fractura del empresariado boliviano, ni de la huelga protagonizada, esta semana por los universitarios y los médicos. Mucho menos hizo mención a la participación de la Central Obrera Boliviana en los sucesos de octubre. Ello obedece a la política sectaria y obtusa que rige en el MIP, y a la ausencia de una estrategia revolucionaria que caracteriza las movilizaciones en Bolivia. Harto conocido es el hecho que el proletariado boliviano llegó a desarrollar uno de los niveles de conciencia de clase mas elevados, pero también es cierto que de un tiempo a esta parte se halla sin rumbo, ante la carencia total de un partido revolucionario que timonee la lucha de los explotados, unificándolos bajo criterios de clase. La construcción de un partido revolucionario es una tarea imprescindible en la cual nos hallamos imbuidos los revolucionarios bolivianos. Guillermo.
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