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Ante el Aniversario del nacimiento del Che Guevara y de fundación de la Cuarta Internacional
El año 2008 nos ubica a 80 años del nacimiento en Rosario del Che, y a 70 años de la fundación de la Cuarta Internacional en París.
Por Fernando Armas
Acerca de los aniversarios: Ernesto Che Guevara y la Cuarta Internacional
El año 2008 permite cifras redondas para dos aniversarios: En junio, ochenta años del nacimiento en Rosario del entrañable Che. En septiembre, 70 años de la fundación en París de la Cuarta Internacional. El primer acontecimiento alcanza amplia difusión pública. Beneficiado con el apoyo de la institucionalidad oficial, los actos ante el 80º cumpleaños de Guevara tendrán las características de los homenajes a los reyes queridos: esa rara y doble combinación entre las trompetas del sistema y el fervor popular. Por el contrario, el segundo acontecimiento pasará desapercibido para las grandes masas, e inclusive, para la mayor parte de la vanguardia: sólo algunos grupos o individuos que seguimos pensando que el trotskysmo es la continuidad histórica del marxismo leninismo, y que la Cuarta lo es de la Tercera, intentaremos resucitar del cementerio implacable de la historia reciente el Programa de su fundación, el Programa de Transición. En lo actos oficiales de homenaje al Che, la impostura, la hipocresía y el cinismo saltan a la vista: Los gobernantes del sistema de explotación que Guevara combatió presiden la palestra. En clave socialdemócrata (Binner, Lifichiftz y algún radical y/o arista), o en clave peronista (Obeid, Bielsa o quizás los propios Kirchner) se llenarán la boca del ejemplo del revolucionario. ¡Quizás se animen, inclusive, a proclamar "seremos como el Che"! Así, el indudable logro que en nuestra querida Rosario haya una estatua y un hermoso parque que en el bronce, en el verde y en el juego de los niños encarnen al asesinado en Bolivia, queda empañado por la utilización bastarda (¡y hasta turística!) que los personeros del modelo sojero hacen de su figura. Creemos sinceramente que la canonización del Che (proceso de larga data, instalado por el mercado y por Fidel Castro, grabada su figura en millones de trapos y emblemas), es en buena medida una segunda muerte del revolucionario. Su sacralización está al servicio de amputar, históricamente, lo más dinámico y productivo que tiene una experiencia de lucha: el balance crítico, el apendizaje por parte de las nuevas generaciones. Nuestro amor al Che involucra, justamente, la necesidad de un balance crítico de su teoría y de su práctica. Por ejemplo, su foquismo armado y su concepción del hombre nuevo están, para nosotros, completamente opuestos al marxismo. Desde luego, quienes subrayan sus errores con sangre merecen nuestro respeto. Pero respeto es todo lo contrario a la idolatría. Seguramente Ernesto Guevara no hubiera querido ser ese semidios idolatrado, sino un militante constructor de la lucha por la revolución socialista. Y esa lucha común que compartimos con el Che, y con sus seguidores más incondicionales, nos ubican a los marx-leninistas-trotkystas (¡a los cuartainternacionalistas) en un bloque común con ellos, en el que la reivindicación genuina de Guevara implica, necesariamente, rechazar toda participación de los actos oficiales que lo canonizan hipócritamente. Estamos con los miles que querrán ver como se monta la estatua y se inaugura el parque, pero desde el llano, con esas masas, cuyo sentimiento amoroso para con el revolucionario se acompaña de una enorme ignorancia y confusión respecto a la tarea de la revolución misma. Justamente por eso impulsamos que quienes tomamos el 80º aniversario del nacimiento del Che desde la perspectiva de la revolución socialista internacional, sepamos organizarnos para debatir las diferencias y avanzar sobre los acuerdos, disputando en la medida de nuestras fuerzas el 14 de junio a los impostores, enemigos de clase. Fernando Armas
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