El CC-POR ante la crisis capitalistaPara desarrollar un plan de lucha unificado hace falta un programa de clase obrera ante la crisis capitalistaPor Fernando Armas SIDERAR, PARANÁ METAL, GENERAL MOTORS, INDUGRAF, Y VAN.... LA CRISIS CAPITALISTA ESTÁ ENTRE NOSOTROS: ¿CUÁL ES EL CAMINO DE LOS TRABAJADORES? El prometido “blindaje argentino” que Cristina anunció ante los primeros truenos de la tormenta de Wall Street presenta, prematuramente, fisuras visibles. Como resultado de una lógica implacable de sus intereses de clase, las patronales de todo pelaje (nacionales y extranjeras, pequeñas medianas y grandes, industriales, comerciales o extractivas) ajustan con arreglo a preservar las fenomenales ganancias obtenidas en el período de vacas gordas, descargando sobre las espaldas del pueblo trabajador el peso de las vacas flacas. No se trata sólo de despidos y suspensiones, sino inclusive de chantajear al movimiento obrero con la reducción de salarios. Mientras tanto, la inflación sigue su rumbo incesante, con el agravante que todas esas patronales presionan sobre el Gobierno para que devalúe aún más el peso, con el argumento de mejorar su competitividad en el mercado mundial. El Gobierno (no sólo el nacional, sino los provinciales y municipales, independientemente del color político que tengan) maniobra en una estrecha cornisa: quita subsidios y gradualmente autoriza tarifazos en los servicios públicos; va devaluando a cuentagotas, tratando de evitar una política de shock; usa el recurso de la conciliación obligatoria en los conflictos más calientes como impotente recurso para ganar tiempo; estudia o realiza estatizaciones parciales como salida de crisis, para luego replantear privatizar a favor de algún grupo capitalista viable. En el caso de la gran Industria, el Gobierno nacional ha hecho mucho ruido con reactivar la economía subsidiando a las automotrices y a otros sectores. Bueno sería que tanta demagogia se plasmara en un hecho concreto: estatizar Paraná Metal (que fabrica motores para las automotrices) defendiendo así la fuente de trabajo de los cientos de obreros hoy suspendidos. En el caso particular de la cuestión agraria, la sequía ha agravado la crisis de rentabilidad preexistente. Las medidas de subsidios del Gobierno fueron bien recibidas por los medianos y grandes patrones agrarios, y no tanto por los pequeños, impotentes para defender su lugar luego de la caída internacional de los precios de los cereales (soja en primer lugar). Sin embargo, esta estratificación no ha escindido a la burguesía agraria, que sigue promoviendo una política de sobrevaluación de su producción (reducción de retenciones, devaluación del peso, subsidios, etc.) La clase obrera ha resistido desigual y débilmente los golpes emergentes de la crisis (paros parciales, manifestaciones, cortes de ruta, etc.). La defensa de las conquistas adquiridas (puestos y condiciones de trabajo, salarios, etc.) unificó como programa mínimo, pero los distintos movimientos pudieron ser llevados al pantano de negociaciones interminables, desgastantes, cuyo común denominador es buscar un punto de conciliación entre los intereses ajustadores de los patrones y las necesidades elementales de los trabajadores. Hay que decir con claridad que ese punto de conciliación no existe. Que, hoy por hoy, la defensa de las conquistas adquiridas supone inevitablemente una derrota (al menos parcial) de la voracidad de los capitalistas, de su tasa de ganancia. Es por esto que el EJE ESTRATÉGICO que los trabajadores debemos sostener es la EXPROPIACIÓN de aquellas empresas en crisis, la apertura de los libros de las mismas (para saber qué es real y qué es fraudulento), la puesta en funcionamiento a cargo del ESTADO (nacional, provincial o municipal, de acuerdo al caso en concreto), luchando por el control colectivo de los que producimos la riqueza. Estamos ante un año electoral. Las distintas fracciones de las patronales y sus expresiones políticas juegan al “Gran Bonete” pasándose la pelota que les quema en las manos. La clase obrera puede y debe aprovechar estas fisuras de la clase enemiga, tomar iniciativas que la favorecen (por ejemplo, proyectos expropiatorios de empresas en crisis, como el del diputado provincial santafesino Gerardo Rico respecto a Paraná Metal), sin perder en ningún caso nuestra independencia política. Del mismo modo, debemos tener claridad para rechazar toda alianza con los sectores patronales que propugnan la devaluación, o ser subsidiados con los dineros de todo el pueblo en nombre de “defender la producción”. Ni la geografía en común, ni las tradiciones regionales, pueden ser más importantes que el contenido y los intereses de clase que nos separan. La construcción de esta ESTRATEGIA sólo será posible si los trabajadores en su conjunto y su vanguardia en particular da un salto político en su conciencia. El escenario para que este salto se pueda dar es el de la DEMOCRACIA OBRERA, no sólo limitado a las instancias correctas y legítimas (asambleas, plenarios de delegados y activistas, coordinadoras, etc.), sino esencialmente mediante el combate conciente contra la burocracia sindical, en todas sus manifestaciones. Superar el aislamiento de cada conflicto es superar el techo que las dirigencias sindicales ponen a la lucha, que para ellos, termina en la mesa de conciliación en el Ministerio de Trabajo. La situación es difícil. La situación es adversa. Las posibilidades para superarla y abrir un curso de ascenso en las luchas que permitan un plan de acción sindical y político unificado de los explotados están contenidas en las energías que hay que organizar. Desde nuestra organización nos ponemos y decimos: ¡MANOS A LA OBRA! 18-1-09 Comité Constructor por un PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO
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