Murió Guillermo LoraObituario crítico del viejo revolucionario bolivianoPor Fernando Armas Murió Guillermo Lora Por Fernando Armas A la edad de 88 años, murió el pasado 17 de mayo en Conocí al viejo revolucionario en junio de 1988, cuando fundamos en la altura del altiplano el Comité de Enlace por Yo, todavía joven militante, recientemente expulsado con un grupo numeroso de compañeros por la burocracia que dirigía y dirige el Partido Obrero, creí ver en el mítico personaje no sólo la leyenda, sino la encarnación del bolchevique leninista. La muerte, inevitable y esperada (Lora padecía un cáncer de hígado desde hace algunos años), golpea en los sentimientos, pero también nos interpela en las convicciones: en aquellas que tuvimos y hoy vemos equivocadas; en aquellas otras que reafirmamos o adquirimos producto de la experiencia. Como en las historias de amor, el vínculo intenso con un líder revolucionario de la talla de Lora deja una impronta. Se trata de que ese transcurrir signifique un aprendizaje. Lo tuvimos en esos casi ocho años que compartimos de trabajo político común. *Aprendimos el significado de una militancia basada en el programa, en que la realidad que se quiere transformar debe ser estudiada en sus leyes si se quiere realizar un trabajo científico. *Comprendimos también que ese programa no se elabora en un laboratorio, sino que se construye en la relación dinámica entre el grupo político y su materia prima, la clase obrera, las masas. *Contra lo que Lora pensaba y practicaba (ser él mismo la síntesis del programa, fomentando un culto a la personalidad que fue creciendo en los últimos años) defendimos el debate colectivo y la formación de un equipo de dirección. *Contra el lugar común del “hombre nuevo” (que Lora reivindicaba, colocando al militante en un lugar de mártir sacrificado), pudimos entender que militancia es abnegación, es entrega, pero que es completamente falso que tal cosa signifique dejar de ser un ser humano, producto también de esta sociedad de explotación. *Ligado a lo anterior, pudimos profundizar la raíz del exitismo delirante de la mayor parte de la “izquierda marxista” (Lora incluído): para perpetuarse, las pequeñas burocracias necesitan sostener a la militancia en el entusiasmo de la revolución inminente, negando el peso de las derrotas, del atraso de los explotados, y de la debilidad de la vanguardia. *Como en el Partido Obrero, plantear las divergencias nos valió la expulsión: el mito, el revolucionario intachable, respondió con los métodos burocráticos ya conocidos. La lógica expulsiva demostró ser la lógica de la secta, independientemente del país, del origen racial o de los metros sobre el nivel del mar. Este apretado balance crítico de la figura de Guillermo Lora no niega su prolífica historia, indisolublemente ligada a la riqueza de la situación política boliviana del pasado siglo. Pero sólo un acto de hipocresía nos permitiría sumarnos a los homenajes (sinceros u oportunistas) a la hora de su muerte.
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