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Publicación del Partido Obrero Revolucionario - Argentina
16 de Setiembre de 2009 | Nro. 212
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16 de Setiembre de 2009 | Nro. 212 | Contenidos
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Qui sommes nous ?
La Bisagra 6
XIVº Congreso Documento de Base Tesis Internacional
XIVº Congreso Documento de Base situación nacional
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Situación Política Nacional
Debate sobre la cuestión de autodeterminación nacional vasca.

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Pautas Programáticas para una Corriente por una Justicia al Servicio del Pueblo
Una visión clasista de la Salud
Carta a la Asociación Médica de Rosario
La Bisagra 1
Por un bloque Clasista y Revolucionario dentro de la CTA
Transporte Urbano de Pasajeros de Rosario
La salud empieza por el agua potable y las cloacas
Posición de TSA ante paro nacional de salud
Proyecto de Ley del arte de curar
Pautas Programáticas de la Corriente Trabajadores de la Salud
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Lineas en la izquierda sindical
La Bisagra 8
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Comentario sobre cine: The Reader
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Comentario sobre cine: The Reader

Una excelente película que muestra el lugar del amor y de la literatura en la redención humana.

Por Fernando Armas

CINE: “The Reader” (“El Lector”)

Por Fernando Armas

 

Drama. Coproducción germano-norteamericana. Con Kate Winslet y Ralph Fiennes.

 

La historia de “The reader” comienza en Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial. Volviendo del colegio, el adolescente Michael Berg se siente de pronto enfermo y Hanna, una desconocida que lo dobla en edad, le ayuda a llegar a su casa. Una vez recuperado de la escarlatina, Michael busca a Hanna para darle las gracias. Comienza así un apasionado y secreto idilio entre ambos.

Ella inicia al adolescente en la sexualidad, a la manera de aquella célebre película “Verano del 42” (*). El, casi casualmente, le hace descubrir a ella el placer por la lectura, por el relato, que en cada encuentro intercala como parte inseparable del vínculo amoroso.

Hanna desaparece sorpresivamente.

Años después los amantes se reencuentran, sin econtrarse: Michael, estudiante de Derecho, se sorprende al verla como acusada en un juicio por crímenes de guerra.

Ahí se entera que Hanna había sido cancerbera de un campo de concentración.

Durante el proceso, Michael comprende por qué su ex amante sólo escuchaba (con devoción) sus lecturas: era analfabeta. Sin embargo, la acusada prefiere no pasar por la vergüenza de serlo, autoacusándose de haber sido autora de un documento que la incriminaba como principal responsable, entre varias de sus pares, de una masacre de judías.

La película alcanza a partir de la sentencia (cadena perpetua) su mayor ritmo y profundidad: casi muerta en vida, Hanna resucita cuando comienza a recibir cassettes de “su niño” grabados con sus relatos de clásicos de la Literatura.

Las escenas donde se combinan Michael grabando y ella escuchando alcanzan una dinámica y una riqueza, sólo superada por aquellas en las que se muestra el salto cualitativo que da Hanna en la cárcel: solita, con los cassettes y libros que saca del penal, aprende a leer.

El papel transformador del amor opera en toda su magnitud, pero la historia que marca a cada uno, pone los límites a la entrega amorosa.

Michael, ya acomodado abogado, divorciado y con una hija, no sabe qué hacer ante la libertad anticipada de Hanna. Se debate ante un dilema insoluble, entre aquel amor iniciático que fue, y la decrepitud actual de su ex amante, agravada por ser una criminal de guerra.

Hanna, que evidencia durante todo el juico haber sido una atrasada mujer que cumplía con su deber, instrumento de un régimen que naturalizaba el genocidio, no sabe tampoco qué hacer con su libertad. La pila de libros que le habían enseñado a leer es la escalera para la horca en su calabozo.

“The Reader” propone una mirada inteligente, acerca de lo relativo del transcurrir humano. La “criminal de guerra” bien puede ser un chivo expiatorio para una “democracia” que, en su propia génesis, también tiene las manos manchadas de sangre.

La “criminal de guerra” también puede amar, humanizarse a través de la literatura, pero no puede desandar la historia que la condena.

Michael tampoco puede escapar a su “Verano del 42”, que lo marcó para toda la vida. Sus vacilaciones y su propia cobardía, ya de hombre, contrastan con aquella audacia valiente del adolescente. En la escena final de la película lleva a su hija a la tumba de Hanna. Al contarle la historia, seguramente le habrá dicho que nunca volverá a amar como aquella primera vez.

 

(*) “Verano del 42”: Célebre película norteamericana de la década del 70. Un adolescente ayuda a una bella y joven mujer que lo dobla en edad (la actriz es Jennifer O`Neill) en trabajos de la casa. En una de sus visitas, ella recibe la noticia de la muerte de su marido en la guerra. El niño se hace hombre, y la contiene desde el amor. Ella se hace madre y amante al mismo tiempo.

CINE: “The Reader” (“El Lector”)

Por Fernando Armas

 

Drama. Coproducción germano-norteamericana. Con Kate Winslet y Ralph Fiennes.

 

La historia de “The reader” comienza en Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial. Volviendo del colegio, el adolescente Michael Berg se siente de pronto enfermo y Hanna, una desconocida que lo dobla en edad, le ayuda a llegar a su casa. Una vez recuperado de la escarlatina, Michael busca a Hanna para darle las gracias. Comienza así un apasionado y secreto idilio entre ambos.

Ella inicia al adolescente en la sexualidad, a la manera de aquella célebre película “Verano del 42” (*). El, casi casualmente, le hace descubrir a ella el placer por la lectura, por el relato, que en cada encuentro intercala como parte inseparable del vínculo amoroso.

Hanna desaparece sorpresivamente.

Años después los amantes se reencuentran, sin econtrarse: Michael, estudiante de Derecho, se sorprende al verla como acusada en un juicio por crímenes de guerra.

Ahí se entera que Hanna había sido cancerbera de un campo de concentración.

Durante el proceso, Michael comprende por qué su ex amante sólo escuchaba (con devoción) sus lecturas: era analfabeta. Sin embargo, la acusada prefiere no pasar por la vergüenza de serlo, autoacusándose de haber sido autora de un documento que la incriminaba como principal responsable, entre varias de sus pares, de una masacre de judías.

La película alcanza a partir de la sentencia (cadena perpetua) su mayor ritmo y profundidad: casi muerta en vida, Hanna resucita cuando comienza a recibir cassettes de “su niño” grabados con sus relatos de clásicos de la Literatura.

Las escenas donde se combinan Michael grabando y ella escuchando alcanzan una dinámica y una riqueza, sólo superada por aquellas en las que se muestra el salto cualitativo que da Hanna en la cárcel: solita, con los cassettes y libros que saca del penal, aprende a leer.

El papel transformador del amor opera en toda su magnitud, pero la historia que marca a cada uno, pone los límites a la entrega amorosa.

Michael, ya acomodado abogado, divorciado y con una hija, no sabe qué hacer ante la libertad anticipada de Hanna. Se debate ante un dilema insoluble, entre aquel amor iniciático que fue, y la decrepitud actual de su ex amante, agravada por ser una criminal de guerra.

Hanna, que evidencia durante todo el juico haber sido una atrasada mujer que cumplía con su deber, instrumento de un régimen que naturalizaba el genocidio, no sabe tampoco qué hacer con su libertad. La pila de libros que le habían enseñado a leer es la escalera para la horca en su calabozo.

“The Reader” propone una mirada inteligente, acerca de lo relativo del transcurrir humano. La “criminal de guerra” bien puede ser un chivo expiatorio para una “democracia” que, en su propia génesis, también tiene las manos manchadas de sangre.

La “criminal de guerra” también puede amar, humanizarse a través de la literatura, pero no puede desandar la historia que la condena.

Michael tampoco puede escapar a su “Verano del 42”, que lo marcó para toda la vida. Sus vacilaciones y su propia cobardía, ya de hombre, contrastan con aquella audacia valiente del adolescente. En la escena final de la película lleva a su hija a la tumba de Hanna. Al contarle la historia, seguramente le habrá dicho que nunca volverá a amar como aquella primera vez.

 

(*) “Verano del 42”: Célebre película norteamericana de la década del 70. Un adolescente ayuda a una bella y joven mujer que lo dobla en edad (la actriz es Jennifer O`Neill) en trabajos de la casa. En una de sus visitas, ella recibe la noticia de la muerte de su marido en la guerra. El niño se hace hombre, y la contiene desde el amor. Ella se hace madre y amante al mismo tiempo.

 

CINE: “The Reader” (“El Lector”)

Por Fernando Armas

 

Drama. Coproducción germano-norteamericana. Con Kate Winslet y Ralph Fiennes.

 

La historia de “The reader” comienza en Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial. Volviendo del colegio, el adolescente Michael Berg se siente de pronto enfermo y Hanna, una desconocida que lo dobla en edad, le ayuda a llegar a su casa. Una vez recuperado de la escarlatina, Michael busca a Hanna para darle las gracias. Comienza así un apasionado y secreto idilio entre ambos.

Ella inicia al adolescente en la sexualidad, a la manera de aquella célebre película “Verano del 42” (*). El, casi casualmente, le hace descubrir a ella el placer por la lectura, por el relato, que en cada encuentro intercala como parte inseparable del vínculo amoroso.

Hanna desaparece sorpresivamente.

Años después los amantes se reencuentran, sin econtrarse: Michael, estudiante de Derecho, se sorprende al verla como acusada en un juicio por crímenes de guerra.

Ahí se entera que Hanna había sido cancerbera de un campo de concentración.

Durante el proceso, Michael comprende por qué su ex amante sólo escuchaba (con devoción) sus lecturas: era analfabeta. Sin embargo, la acusada prefiere no pasar por la vergüenza de serlo, autoacusándose de haber sido autora de un documento que la incriminaba como principal responsable, entre varias de sus pares, de una masacre de judías.

La película alcanza a partir de la sentencia (cadena perpetua) su mayor ritmo y profundidad: casi muerta en vida, Hanna resucita cuando comienza a recibir cassettes de “su niño” grabados con sus relatos de clásicos de la Literatura.

Las escenas donde se combinan Michael grabando y ella escuchando alcanzan una dinámica y una riqueza, sólo superada por aquellas en las que se muestra el salto cualitativo que da Hanna en la cárcel: solita, con los cassettes y libros que saca del penal, aprende a leer.

El papel transformador del amor opera en toda su magnitud, pero la historia que marca a cada uno, pone los límites a la entrega amorosa.

Michael, ya acomodado abogado, divorciado y con una hija, no sabe qué hacer ante la libertad anticipada de Hanna. Se debate ante un dilema insoluble, entre aquel amor iniciático que fue, y la decrepitud actual de su ex amante, agravada por ser una criminal de guerra.

Hanna, que evidencia durante todo el juico haber sido una atrasada mujer que cumplía con su deber, instrumento de un régimen que naturalizaba el genocidio, no sabe tampoco qué hacer con su libertad. La pila de libros que le habían enseñado a leer es la escalera para la horca en su calabozo.

“The Reader” propone una mirada inteligente, acerca de lo relativo del transcurrir humano. La “criminal de guerra” bien puede ser un chivo expiatorio para una “democracia” que, en su propia génesis, también tiene las manos manchadas de sangre.

La “criminal de guerra” también puede amar, humanizarse a través de la literatura, pero no puede desandar la historia que la condena.

Michael tampoco puede escapar a su “Verano del 42”, que lo marcó para toda la vida. Sus vacilaciones y su propia cobardía, ya de hombre, contrastan con aquella audacia valiente del adolescente. En la escena final de la película lleva a su hija a la tumba de Hanna. Al contarle la historia, seguramente le habrá dicho que nunca volverá a amar como aquella primera vez.

 

(*) “Verano del 42”: Célebre película norteamericana de la década del 70. Un adolescente ayuda a una bella y joven mujer que lo dobla en edad (la actriz es Jennifer O`Neill) en trabajos de la casa. En una de sus visitas, ella recibe la noticia de la muerte de su marido en la guerra. El niño se hace hombre, y la contiene desde el amor. Ella se hace madre y amante al mismo tiempo.

 

CINE: “The Reader” (“El Lector”)

Por Fernando Armas

 

Drama. Coproducción germano-norteamericana. Con Kate Winslet y Ralph Fiennes.

 

La historia de “The reader” comienza en Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial. Volviendo del colegio, el adolescente Michael Berg se siente de pronto enfermo y Hanna, una desconocida que lo dobla en edad, le ayuda a llegar a su casa. Una vez recuperado de la escarlatina, Michael busca a Hanna para darle las gracias. Comienza así un apasionado y secreto idilio entre ambos.

Ella inicia al adolescente en la sexualidad, a la manera de aquella célebre película “Verano del 42” (*). El, casi casualmente, le hace descubrir a ella el placer por la lectura, por el relato, que en cada encuentro intercala como parte inseparable del vínculo amoroso.

Hanna desaparece sorpresivamente.

Años después los amantes se reencuentran, sin econtrarse: Michael, estudiante de Derecho, se sorprende al verla como acusada en un juicio por crímenes de guerra.

Ahí se entera que Hanna había sido cancerbera de un campo de concentración.

Durante el proceso, Michael comprende por qué su ex amante sólo escuchaba (con devoción) sus lecturas: era analfabeta. Sin embargo, la acusada prefiere no pasar por la vergüenza de serlo, autoacusándose de haber sido autora de un documento que la incriminaba como principal responsable, entre varias de sus pares, de una masacre de judías.

La película alcanza a partir de la sentencia (cadena perpetua) su mayor ritmo y profundidad: casi muerta en vida, Hanna resucita cuando comienza a recibir cassettes de “su niño” grabados con sus relatos de clásicos de la Literatura.

Las escenas donde se combinan Michael grabando y ella escuchando alcanzan una dinámica y una riqueza, sólo superada por aquellas en las que se muestra el salto cualitativo que da Hanna en la cárcel: solita, con los cassettes y libros que saca del penal, aprende a leer.

El papel transformador del amor opera en toda su magnitud, pero la historia que marca a cada uno, pone los límites a la entrega amorosa.

Michael, ya acomodado abogado, divorciado y con una hija, no sabe qué hacer ante la libertad anticipada de Hanna. Se debate ante un dilema insoluble, entre aquel amor iniciático que fue, y la decrepitud actual de su ex amante, agravada por ser una criminal de guerra.

Hanna, que evidencia durante todo el juico haber sido una atrasada mujer que cumplía con su deber, instrumento de un régimen que naturalizaba el genocidio, no sabe tampoco qué hacer con su libertad. La pila de libros que le habían enseñado a leer es la escalera para la horca en su calabozo.

“The Reader” propone una mirada inteligente, acerca de lo relativo del transcurrir humano. La “criminal de guerra” bien puede ser un chivo expiatorio para una “democracia” que, en su propia génesis, también tiene las manos manchadas de sangre.

La “criminal de guerra” también puede amar, humanizarse a través de la literatura, pero no puede desandar la historia que la condena.

Michael tampoco puede escapar a su “Verano del 42”, que lo marcó para toda la vida. Sus vacilaciones y su propia cobardía, ya de hombre, contrastan con aquella audacia valiente del adolescente. En la escena final de la película lleva a su hija a la tumba de Hanna. Al contarle la historia, seguramente le habrá dicho que nunca volverá a amar como aquella primera vez.

 

(*) “Verano del 42”: Célebre película norteamericana de la década del 70. Un adolescente ayuda a una bella y joven mujer que lo dobla en edad (la actriz es Jennifer O`Neill) en trabajos de la casa. En una de sus visitas, ella recibe la noticia de la muerte de su marido en la guerra. El niño se hace hombre, y la contiene desde el amor. Ella se hace madre y amante al mismo tiempo.

 

CINE: “The Reader” (“El Lector”)

Por Fernando Armas

 

Drama. Coproducción germano-norteamericana. Con Kate Winslet y Ralph Fiennes.

 

La historia de “The reader” comienza en Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial. Volviendo del colegio, el adolescente Michael Berg se siente de pronto enfermo y Hanna, una desconocida que lo dobla en edad, le ayuda a llegar a su casa. Una vez recuperado de la escarlatina, Michael busca a Hanna para darle las gracias. Comienza así un apasionado y secreto idilio entre ambos.

Ella inicia al adolescente en la sexualidad, a la manera de aquella célebre película “Verano del 42” (*). El, casi casualmente, le hace descubrir a ella el placer por la lectura, por el relato, que en cada encuentro intercala como parte inseparable del vínculo amoroso.

Hanna desaparece sorpresivamente.

Años después los amantes se reencuentran, sin econtrarse: Michael, estudiante de Derecho, se sorprende al verla como acusada en un juicio por crímenes de guerra.

Ahí se entera que Hanna había sido cancerbera de un campo de concentración.

Durante el proceso, Michael comprende por qué su ex amante sólo escuchaba (con devoción) sus lecturas: era analfabeta. Sin embargo, la acusada prefiere no pasar por la vergüenza de serlo, autoacusándose de haber sido autora de un documento que la incriminaba como principal responsable, entre varias de sus pares, de una masacre de judías.

La película alcanza a partir de la sentencia (cadena perpetua) su mayor ritmo y profundidad: casi muerta en vida, Hanna resucita cuando comienza a recibir cassettes de “su niño” grabados con sus relatos de clásicos de la Literatura.

Las escenas donde se combinan Michael grabando y ella escuchando alcanzan una dinámica y una riqueza, sólo superada por aquellas en las que se muestra el salto cualitativo que da Hanna en la cárcel: solita, con los cassettes y libros que saca del penal, aprende a leer.

El papel transformador del amor opera en toda su magnitud, pero la historia que marca a cada uno, pone los límites a la entrega amorosa.

Michael, ya acomodado abogado, divorciado y con una hija, no sabe qué hacer ante la libertad anticipada de Hanna. Se debate ante un dilema insoluble, entre aquel amor iniciático que fue, y la decrepitud actual de su ex amante, agravada por ser una criminal de guerra.

Hanna, que evidencia durante todo el juico haber sido una atrasada mujer que cumplía con su deber, instrumento de un régimen que naturalizaba el genocidio, no sabe tampoco qué hacer con su libertad. La pila de libros que le habían enseñado a leer es la escalera para la horca en su calabozo.

“The Reader” propone una mirada inteligente, acerca de lo relativo del transcurrir humano. La “criminal de guerra” bien puede ser un chivo expiatorio para una “democracia” que, en su propia génesis, también tiene las manos manchadas de sangre.

La “criminal de guerra” también puede amar, humanizarse a través de la literatura, pero no puede desandar la historia que la condena.

Michael tampoco puede escapar a su “Verano del 42”, que lo marcó para toda la vida. Sus vacilaciones y su propia cobardía, ya de hombre, contrastan con aquella audacia valiente del adolescente. En la escena final de la película lleva a su hija a la tumba de Hanna. Al contarle la historia, seguramente le habrá dicho que nunca volverá a amar como aquella primera vez.

 

(*) “Verano del 42”: Célebre película norteamericana de la década del 70. Un adolescente ayuda a una bella y joven mujer que lo dobla en edad (la actriz es Jennifer O`Neill) en trabajos de la casa. En una de sus visitas, ella recibe la noticia de la muerte de su marido en la guerra. El niño se hace hombre, y la contiene desde el amor. Ella se hace madre y amante al mismo tiempo.

 

 

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