Opinión ante Ley de Medios AudiovisualesAnte la pugna interburguesa, abrir una brecha independientePor Venus Armafuerte Ley de Medios audiovisuales: Ante la disputa interburguesa, abramos una brecha independiente Por Venus Armafuerte Anunciadada periodísticamente en marzo, el Gobierno bajó a Nótese que tal régimen es el instituído por la dictadura militar, maquillado por diferentes decretos de los distintos gobiernos de turno. Este hecho, por sí solo, ya demuestra que en el llamado “Cuarto Poder” la democracia burguesa dio continuismo a la dictadura más sangrienta de la historia argentina, preservando los intereses económicos y la influencia ideológica de los sectores más reaccionarios de la derecha. En estas más de dos décadas de “democracia”, dicho poder se ha concentrado, al punto que tan sólo algunos grandes multimedios manejan casi todo el espacio de TV abierta, por cable y radiofónico, entrelazados con su dominio también de la prensa escrita. El kirchnerismo toma esta evidencia para potenciarse (como parte de su plan de revitalización luego de la derrota electoral), recuperando la iniciativa política, colocando a la oposición parlamentaria como socios del status quo. Esta última insiste con que la actual composición legislativa es legal, pero ilegítima para tratar este tema, habida cuenta de los resultados electorales del 28 de junio, y de la modificación de la correlación de fuerzas en las nuevas cámaras, a partir del 10 de diciembre. El Gobierno, que correctamente denuncia a los monopolios privados, ya ha dado muestras de querer construir otros, afines a su política. No sólo manejando discrecionalmente la pauta oficial de publicidad, sino incluso financiando la compra de medios para sus amigos y testaferros. Ambos bandos han sumado víctimas en esta pugna. Como en las guerras más reaccionarias, esas víctimas no fueron otros que los soldados: periodistas, locutores, técnicos, etc., que por uno u otro motivo fueran un obstáculo a los intereses patronales. Es decir: la pretendida y proclamada libertad de prensa fue pisoteada tanto por el kirchnerismo como por Clarín. Como una manifestación más del difícil escenario político para la construcción revolucionaria, las mejores expresiones (periódisticas y artísticas) terminan siendo rehenes de esta pugna interburguesa. Es comparable con el conflicto campo versus gobierno: pareciera inevitable emblocarse con el menos malo de los bloques. Otra es nuestra política: unir la libertad de prensa y de creación artística con el derecho del pueblo a acceder a la información y opinión más variada, y a enriquecerse con la extraordinaria capacidad e imaginación de nuestros creadores, guionistas, músicos, artistas, etc. Este objetivo parte de nuestra crítica, tanto de la ley vigente (¡ni hablar!) como del proyecto del oficialismo. Es que éste, más allá de la demagogia populista, apenas limita en su magnitud el poder de los mutimedios, en beneficio de un mayor intervencionismo estatal. Este no se da sólo mediante el manejo de la pauta oficial de publicidad, o de su mayoría en el Ente regulador a crearse, sino también en el clientelismo reservado para ONGS, sindicatos, Iglesias, etc. La ley habilita al Estado a tener un manejo discrecional (cada dos años) respecto a la renovación de licencias. Construir un movimiento en los términos antes enunciado significa colocar en discusión la propiedad privada de los medios, así como el intervencionismo del Estado patronal. Implica desarrollar la independencia de clase no sólo en lo reivindicativo sindical, sino en el cuestionamiento de las empresas de multimedios: apertura de libros y abolición del secreto comercial, amplia libertad de expresión para los periodistas, columnas abiertas al pueblo, etc. Hay que ligar este trabajo en el vientre mismo de los grandes medios, con la puesta en pie de medios alternativos, comunitarios, de composición cooperativa, que tiendan a contrarrestar con la masividad de la participación popular el poder del capital y de su Estado.
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